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Tu acorde me suena (1)

El otro día, viendo a lo que queda de The Stranglers en el Summercase y oyendo su canción Peaches, me di cuenta de lo que me recordaba a otro grupo que también me gusta un rato. Girls Against Boys son de Washington DC y se lo hicieron en los 90 bastante buenamente (y siguen dándole: hace poco tocaron en el Gruta 77). Su disco Cruise Yourself es uno de mis (muchísmos) preferidos de entonces y Kill the Sex Player, la canción, sale en la banda sonora de Clerks, otro icono de esa década. El caso es que en aquel momento pensé que podría encontrar más grupos o canciones que me sonaran a otros grupos o canciones y armar una serie con eso. No se trata de que sean iguales ni de denunciar plagios ni nada por el estilo. Es de buen rollo. Simplemente me recuerdan unos a otros y me gusta.

Obviamente, los dos grupos tienen un bajo que domina la cosa (bueno, Girls vs Boys tiene dos bajos). Pero hay algo más: suenan macarras, sudorosos y sexys. Tienen clase y hasta pinta de ser el mismo tipo de tipos.

Hoy vuelve a ser El Jueves

Se cumple el primer aniversario del secuestro de El Jueves por un chiste y la revista lo celebra con este póster. Unas risas a costa de los que se ríen de la libertad de expresión. Que les den por popa.

El caso Summer

No es raro que hubiese 120.000 pastillas rodando hacia Boadilla del Monte. Aunque no hay que fiarse mucho de la información de la policía (¿verdad, Carlos?), sí hay que creer en el buen criterio de los camellos. Y si en el Rock in Río el patrocinio fue el caballo ganador, en el Summercase se juega a colocado. Quizás sea la única manera de bailar sobre ese suelo lleno de cantos rodantes, de compaginar los delirantes horarios y de disfrutar de un cartel que ha bajado bastante de nivel este año.

He tardado un par de días en asimilarlo, pero creo que para mí lo más potable del viernes fueron los Sex Pistols y esos Stranglers que venían a medias (el sábado no fui). No sé si es algo que debo compartir con mi terapeuta o tan sólo es un efecto secundario de la mínima cogorza denominadora, pero con Juanito Podrido, Esteban Jones y sus colegas me lo pasé mucho mejor que con unas pasotas Breeders, unos Kings of Leon que insisten en ralentizar sus directos o unos Mogwai reralentizados e insistentes. Y paso de entrar en si su vuelta es un insulto al espíritu punk y tal. En el fondo, ellos fueron muy poco punk en su momento. Fueron una bomba diseñada por un terrorista con buen oído. Fueron marionetas de Malcolm McLaren y ahora que no lo son, al menos tienen la vergüenza de decir que lo hacen por la pasta. Como Police, por ejemplo. Sólo que a mí me gusta más Anarchy in the UK que Roxanne.

(La foto de Rotten y su camisa la he pillado de El Mundo y es de Alberto Di Lolli).

Cuando un chino se traspasa, eso no es impulso. Hasta ahora, nunca había visto un negocio de este tipo renunciando. El de la foto está en la calle Apodaca de Madrid. Parece que Solbes está tan preocupado como con lo de Martinsa.

El diario Público cabalga de nuevo con su cruzada antitaurina. Hoy dedica portada y sesudos* artículos en el interior contra las malas costumbres españolas**: que si el Toro de Coria, que si el Toro de la Vega, que si las corridas de toros… Servidor es de esos tíos raros que respeta tanto la libertad de cada uno a decir lo que le plazca que me parece estupendo que el señor Jaume Roures y sus secuaces inviertan su tiempo y su dinero en semejante cosa. Están en su derecho de pedir la abolición de todo eso que llaman maltrato animal y hasta de postular el veganismo para todo quisque (no exagero, se puede leer aquí). Del mismo modo, yo estoy en mi derecho de descojonarme vivo de textos como el que sigue y que firma un tal Javier Rada:

¿Qué ocurre en la psique humana cuando uno percibe este tipo de espectáculos, cuando es perseguido por un becerro, cuando ve como ejecutan a un toro?

Todo se encuentra dentro de un proceso de ritualización, un proceso en el que mediante diferentes estímulos se consigue que primen las partes más primitivas del cerebro, y en donde la razón y la lógica, nuestro cerebro más evolucionado, ceden ante a la selva instintiva.

“El ritual incide en la parte del sistema nervioso más animal, relacionado con el sistema límbico. Estos rituales estarían creados para no pensar. Mientras tienen lugar, el cerebro se haya [la falta de ortografía es de Público] hiperactivado, ya sea por la sangre, el peligro físico, el sacrificio, la música o las drogas (como el alcohol). Entonces deja de intervenir la parte del córtex cerebral, relacionada con la razón y la ética”, explica Luis Muiño, psicoterapeuta. Se deja de sentir empatía, la capacidad de ponerse en la piel del otro.

“No es necesario que uno sea violento o que no tenga un código ético. Cualquier persona en esas circunstancias haría lo mismo”, explica. Según Muiño no existe mucha diferencia en la hiperactivación que se produce en estos ritos, y en los utilizados en las guerras y religiones, y hasta en el exótico vudú [el subrayado en negrita es mío]. Los procesos de inmersión en rituales de estas características logran que se merme la escala de valores.

Así, gracias al diario Público, ya entiendo porqué soy capaz de ir a un montón de corridas en las que nunca pasa nada: es que no pienso, me quedo alelado, soy como un haitiano en manos de su hechicero vudú. Por cierto, no me termina de quedar claro si el hechicero es el torero, el ganadero, el empresario o el que dirige los pasodobles. Igual escribo una carta a ver si me lo explican.

(Las fotos son de un tal Patrick Andre Perron, una, y de Temps D’oci la otra).

* Lo de “sesudos” va con todo el retintín del mundo. A ver, uno es pesimista y cree que está más cerca que lejos el fin de la Fiesta, pero esperemos que no sea por campañitas tan poco argumentadas como ésta. No estoy en contra de los antitaurinos ni de que haya un debate al respecto, pero que sea un debate de nivel, porfa. Que la otra parte se intente informar de qué va todo esto y pregunte a la gente que sabe y sabe argumentarlo. No sé, si buscan a un catedrático, que acudan a Victor Gómez Pin, por ejemplo, y luego pregunten al que dice lo del vudú, si quieren. Da la sensación de ser un combate de boxeo de pesos desiguales, no sé, como entre el Tigre de Chamberí y George Foreman… Ay, perdón, que tampoco les gusta el boxeo a los de Público.

** En su afán por tocar la marrana, con perdón, los de Público insisten en asociar “toros” y “España”. Como que son dos conceptos que no parecen gustarles. Hombre, cierto es que son dos asuntos impepinablemente ligados por la Historia y tal. Pero si hablan de corridas de toros, hace mucho que ha quedado claro que no son patrimonio español. Me extraña que no se hayan informado, porque siendo un tema de portada… Por cierto, a veces es tan ridículo el antipatriotrerismo como el patrioterismo.

Curriqui de barrio

Confieso que nunca he compartido la pasión loca de muchos por Bruce Springsteen. Me parece un tipo muy respetable que tiene buenas canciones pero no me hace vibrar. Raro que soy. Eso sí, las dos veces que lo he visto en directo me ha dejado planchado. Lo hizo hace cosa de diez años en la Peineta. Y lo volvió a hacer ayer en el Bernabéu. Qué tío. Estuvo tres horas sin parar ni a beber agua, desde que empezó con nomeacuerdocuál hasta que acabó con ese Twist and Shout mestizo. Qué banda. Cualquiera de los de la E Street podría ser estrella por su cuenta. Qué show. Bruce y compañía conducen un camión con 60.000 ejes como si estuviesen al volante de un Smart. El sonido fue un poco caspa (quizás por eso se fue en seguida Ramón Calderón, aspirante a Dios por omnipresente). Por lo demás, muy majo. Mucha canción añeja, una de Pete Seeger antes del final y, entre medias, todos los clásicos menos Born in Usera.

Bruce es un obrero cualificado (y supongo que muy bien remunerado) que se lo sigue currando encima del andamio. Qué diferencia verlo a él o al tío Neil (Young, claro) frente a las tristes vueltas de prejubilados como… (pongan aquí los nombres que se les ocurran). Como la que hay entre cruzarte con un león por el Retiro o ir al Museo de Ciencias Naturales para verlo disecado.

Me gusta la conexión que tiene con su público. Me gusta que en directo le salga todo lo negro y saque su voz más soulera. Y me encanta que a la cuarta o quinta canción se marque una cojoversión del Summertime Blues, del gran Eddie Cochran. Por lo que se ve en el siguiente vídeo, ya lo hacía hace 30 años. Pues eso, que se lo sigue currando.

(Mil gracias a Laura. La foto es Cristóbal Manuel y la he birlado de El País).

Tacubos

Ayer pasaron Café Tacvba por Madrid otra vez antes de irse de gira por Japón. Para muchos, ver a este grupo en un sitio canijo como Taboó es como asisitir a un concierto de, no sé, Beck en el salón de su casa. Para mí, también. Bueno, para mí es más. Los Tacubos serían, si no fuesen mexicanos ni insistiesen en cantar en español, uno de los grupos más importantes del rock de los 90 para acá. Ojo: no sólo lo digo yo, lo leí hace años en el Rolling Stone gringo. Pero eso no les quita valor. Todo lo contrario. Se lo da. Qué coño, son uno de los grupos más importantes del rock de los 90 para acá. Buenas letras en un idioma que se entiende, psicodelia, ska, punk, rock, pop, folklore de allí. Todo agitado y mezclado sin que suene a pastiche. Vamos, que soy fan. Como los cientos de chilangos, oaxaqueños, durangueños y demás güeyes que llenaban el local alucinados de estar y bailar tan cerca de su grupo preferido. Estuvieron casi tres horas sudando el estilismo sobre el escenario, tocaron clásicos como (hagan click, leidis and yentelmen) Chilanga Banda, La ingrata, Eres, Cero y uno, Puntos cardinales o No controles, aceptaron peticiones como hacía Vicente Fernández y hacen Los Tigres y ganaron finalmente el combate a los puntos a su propio público. Eso sí que es pinche entrega.

Canta el gallo

A hombros

(Gracias a Tom por el cable. Dedicado a Juan, que se lo mereció… Sí, las fotos son mías, qué se le va a hacer).

Para describir el [sistema] que domina el planeta, la palabra no debería ser ya “capitalismo” sino “plutocracia deseísta”. Siglos de humanismo europeo han sido pulverizados por una utopía colectivista seguida de una utopía comercial”.

Lo escribe Frédéric Beigbeder en “Socorro, perdón” [Anagrama, 2008].

Aprovecho que se están jugando estos días en Las Vegas las World Series of Poker, algo así como el campeonato del mundo de la cosa, para recuperar este reportaje sobre el torneo de San Sebastián del Campeonato de España de Póquer 2007. El texto fue publicado en el EP3, suplemento de los viernes de El País, con unas fotos muy majas de Fede Serra, que es incluso más majo que sus fotos. Quien lo quiera ver maquetado y eso, que pinche en en el siguiente link: poquerep3.

All-in. Cuando un jugador pronuncia estas palabras todo se para. La tensión hace un barrido por el tapete a la espera de respuesta. Los rivales resoplan, los espectadores contienen la respiración. Estamos en el Casino Kursaal de San Sebastián, en la mesa final del octavo torneo del Campeonato de España de Póquer. Es la una de la madrugada del domingo al lunes y otra vez oye esa apuesta. All-in. Todas las fichas a una mano. Quedan tres jugadores. Tres maneras de entender el póquer. El más agresivo es el mayor. Gafas Ray-Ban sobre los ojos, Ducados sin encender en los labios y una actitud desafiante que recorre la sala. Jorge Fernández Martínez tiene 61 años y lleva jugando desde los siete. “Me he arruinado cuatro veces –explica en una pausa para fumar–, pero juego cada noche. Soy anticuario y si me quedo seco por una mala racha, vendo unos cuadros y sigo”. A Jorge se le conoce en el ambiente del póquer ibérico como el Doctor Vinagre. “Tengo sangre caliente y eso a veces es malo”. De momento, hoy no le está yendo tan mal. De momento, lanza todos los all-in que puede y ve todos los que le lanzan. De momento, es el que más fichas tiene sobre la mesa. De momento.

Pero Jorge es la excepción. Representa los viejos tiempos del póquer. El lado oscuro. Es un Darth Vader rodeado de jóvenes padawan. El póquer ha cambiado. Ya no hay tahúres tocados con sombrero de ala ancha. No hay whisky de Kentucky. No hay rubias teñidas de tentación. Ahora hay Converse y camisetas. Hay horas de estudio. Hay buen rollo. La cosa ha evolucionado desde que a mediados del XIX se extendiese como una epidemia por las riberas de Mississippi este juego de origen incierto. En el siglo XXI, en la era de Internet, el póquer es el juego de moda. Se calculan más de 100 millones de jugadores en el mundo (en España, unos 30.000). En Estados Unidos, ha desbancado al hockey sobre hielo como el cuarto deporte con más audiencia en televisión. Cada día, el póquer genera ingresos de 150 millones de dólares y buena parte de la culpa es de un tipo cuyo apellido es una señal del destino. Chris Moneymaker se presentó en 2003 a las World Series Of Poker de Las Vegas tras ganar un torneo satélite en la Red. Se había gastado 39 dólares en apuntarse y con su victoria se llevó una inscripción de 10.000 para el campeonato más prestigioso del mundo. Era su primer torneo en vivo. Era un pipiolo de Tennessee que ganó a los mejores y se llevó 2,5 millones de pavos.

Las historia de Cristóbal Ganapasta ha sido un ejemplo para muchos de los que se baten el cobre en el Casino Kursaal. Francisco López Marcos, por ejemplo. Francisco tiene 31 años y lleva dos viviendo del póquer. A Francisco todo el mundo le conoce como Pakito. Pakito es el actual campeón de España aunque en San Sebastián ha caído nada más empezar la mesa final. “Me levanto a la una –cuenta sobre su rutina diaria–, estudio y a las nueve de la noche empiezo a jugar. Las mejores horas son las del amanecer, cuando los jugadores americanos ya empiezan a estar cansados”. Pakito juega para el equipo Everest Poker y en la página de Everest Poker. Reconoce que juega contra novatos para llevarse el jornal más fácilmente. “El que juega sabe lo que hay. De todos modos, no es como en las tragaperras, la gente no se juega la escritura, juega un dinero que no le duele. Lo primero que aprende el buen jugador de póquer es a controlar bien su bankroll”. Del mismo modo que el dólar es la moneda oficial del asunto, el inglés domina las conversaciones y las partidas. Traducimos: bankroll es el dinero que cada jugador dispone para jugar, ya sea para mesas de juego con dinero o para torneos.

Se acabó el aperitivo. El reportaje completo se puede, y se debe, leer aquí mismo. Que aproveche.


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